Harina de otro costal

Tengo una amiga.

Bueno, tengo más de una, no vayáis a creer que soy asocial.

(Aunque desaparecer en una isla desierta una temporadita, eso sí, con comodidades, nada del rollo “Supervivientes” y eso, que te tienes que buscar los cocos y pescar y hacerte una chabola con las hojas de las palmeras…., sin ver a nadie, sin escuchar las noticias, sin tener que preparar comidas, cenas, lavar, planchar, ainsssssss, pues también molaría, jatetú) Fin del inciso.

Pues eso, que esto de la bloguería tiene sus ventajas, y una de ellas es conocer a gente estupendérrima. ¿Quién me iba a decir a mí cuando empecé con esto del blog que iba a conocer a una escritora famosa? Eh, ¿Cómo os quedáis?

Pues sí, Ana Cepeda es la autora del libro “Harina de otro costal”, de ahí el título del post. Aunque la mayoría de los que pasáis por aquí ya la conocéis y seguro que leéis su blog “Analogías” y si sois un poco abiertos de mente, ejem, también “Subconsciencias”.

En cada uno de esos blogs, la nena ya daba señales de que esto de juntar palabras no se le da nada mal, pero el libro del que os hablo no tiene nada que ver con las entradas de su blog, más que nada porque yo entiendo que éste (el blog, úsease) es una forma de desahogo, de contar historias más o menos reales o inventadas en las que se busca hacer pasar un buen rato al personal (sobre todo en Subconsciencias, claro). En este libro, sin embargo, no todo son buenos ratos.

Cuenta la historia de su padre, Pedro Cepeda, un niño malagueño que con 14 años fue separado de su familia intentando alejarlo del horror de la guerra civil. Pero fue a parar de la sartén al fuego. Aterrizó nada menos que en la Rusia estalinista, donde vivió un calvario y conoció de primera mano las “bondades” del comunismo. Allí permaneció hasta 1966, año en el que por fin pudo regresar a su añorada España. Entre tanto, penurias, hambre, frío, y miedo, pero también buenos recuerdos fueron lo que Pedro trajo en su equipaje.

Entre ellos, un manuscrito que relataba sus vivencias en aquel horror. Ese manuscrito en el  que hoy su hija, con una paciencia interminable, con un tesón inconmensurable y con todo el amor que sentía por su padre, ha puesto un trocito de su corazón. Los relatos de las torturas, del miedo, del estado de terror continuo que era vivir en aquélla Rusia no son más que el contrapunto a la fortaleza de Pedro, su ansia por vivir y regresar a su adorada Málaga.

Hay reseñas en la blogosfera mucho mejores que la mía. Os remito a ellas aquí, aquí, aquí y aquí, y seguro que me dejo alguna. Escribo este post con cierto reparo porque todas ellas son mejores que las mía, pero una, que tiene un corazón blandito, blandito, no ha podido resistirse cuando la autora le ha pedido amablemente (María José, querida, ¿serías tan amable de escribir, con esa prosa tan adorable que te caracteriza, una reseña de mi libro?). Aunque mis ojos han leído primeramente: Boticaria, me cago en la puta, quiero tu reseña. Pero eso ha sido un fallo de la vista, que una es cuarentona y ya se sabe, de cerca ve muy mal.

Y es que en este descanso bloguero que me he tomado, además de sufrir por la nena que ya se ha ido a estudiar fuera, por el mediano que ha empezado Bachillerato y parece que al fin se ha puesto las pilas y se ha dado cuenta de que hay que estudiar más, por el pequeño y sus ejercicios de espalda, que cada vez que voy a la rehabilitadora me echa la bronca por no obligarle a hacerlos, por las guerras y el hambre en el mundo…. en fin, por todas esas cosas que se sufre normalmente, pues además, digo, tengo un grupo de wasap con los amigos blogueros. El único. Y es el único básicamente porque mi móvil no da para más, porque hacemos una media de 2.000 mensajes al día, tirando por lo bajo y así no hay quién mantenga otra conversación de wasap a la vez, que el teléfono parece que va a pedales algunos ratos en los que estamos todos hablando a la vez y no damos abasto a leer todas las conversaciones.

Y en fin, éste es el resumen de mis minivacaciones blogueriles. En breve habrá reseña de otro amigo y compañero de wasap escritor. De aquí al Planeta hay un paso, ya lo veréis. Y además me he metido en otro sarao de libros llamado Proyecto Ágatha, que malo será que no me echen cuando vean lo loca que estoy, ya lo veréis.

Ahora, ya estáis tardando en comprar Harina de otro costal, no os arrepentiréis. Podéis conseguirlo en vuestra librería habitual, pero en la web Queimada ediciones, os lo mandan en un día. Y de paso pedís el de Jorge Romera, Asquerosamente sano, del que os hablo más arriba. Dos por uno.

 

(Me cago en la leche que ahora tengo que poner todos los enlaces, con lo que a mí me cuesta….)