Sigo viva

Hola a todos.

Que estoy viva, que ya habéis empezado a preguntar por ahí que qué me pasa (gracias Sugus!!). Que lo único es que hay varias fuerzas del Universo que se han confabulado para que me encuentre en este silencio, a saber:

-Época de exámenes finales para todos mis hijos, pero sobre todo para la mayor, que este año termina el Instituto y estamos con los nervios de la dichosa Paeg (para los cuarentones, la antigua Selectividad, aclaro), con lo que me paso el día y la noche dando ánimos y quitando ideas negativas de su dichosa cabecita, que la nena nos ha salido un poco pesimista, o lo que es lo mismo, es la angustia vital y la negatividad hechas carne.

-Para desestabilizarla aún más (a mi hija), se le ha estropeado el ordenador y lo tenemos en la UVI pendiente de arreglo, sin saber si va a sobrevivir o dejará este mundo cruel. Así que el mío es sustraído subrepciamente (o no, me lo quita por el morro) con lo que no puedo escribir ni dejar comentarios en los blogs (leerlos sí los leo, porque lo hago en el móvil, pero desde ahí me resulta imposible comentar).

-He retomado mi intención de presentarme a los exámenes de inglés de la escuela de idiomas. Ya os conté en algún post que no he ido nada más que a cuatro o cinco clases cuando empezó el curso y que mi aprendizaje es totalmente sui generis, oséase, que no estudio ná siquiera y que me limito a ver series de TV en inglés con subtítulos en español. Así que ahora que he descubierto Breaking Bad me la estoy viendo como una yonki a razón de tres o cuatro capítulos por día. Cuando termino de comer, me tumbo esperando mi ración de Walter y lo mismo después de cenar. Así que no es que no os quiera, pero si alguno la ha visto, me entenderá y sabrá de lo que hablo.

-Todo ello combinado con las vacaciones de una de mis auxiliares en la botica, lo que supone más carga de trabajo, la rutina diaria de las compras (que en Mercadona me van a hacer cliente Vip, porque voy todos los días a comprar, mis hijos comen como limas), la cocina, los diversos recados que todo el mundo me encasqueta…. En fin, qué os voy a contar que no sepáis. Lo bueno es que aún no me ha dado por ordenar armarios, así que no debo estar muy grave todavía.

 

Pues eso, que estoy aquí, en silencio como las hemorroides, pero que no me pasa nada. Gracias por vuestro interés y seguid publicando que yo sigo leyéndolo todo, todo y todo.

El Viña-rock y otras pesadillas de madre

En un día como hoy, de celebración a mayor gloria de El Corte Inglés, quiero daros unos consejitos como madre de tres adolescentes, para que si hay algún lector desprevenido pueda tomar nota, y actuar en consecuencia.

Internautas del mundo, estad atentos: si aún no tenéis hijos, hacedme caso, no os reproduzcáis, aún estáis a tiempo.

Si sois de los que ya habéis caído en la trampa de la maternidad, pero vuestras criaturas son solamente éso, infantes de edad comprendida entre los 0 y los 12 años, mi consejo es que disfrutéis todo lo que podáis mientras estáis limpiándoles el culo de esas mierdas apestosas que tanto os molestan, que  cada vez que se caigan cuando empiezan a andar cuidéis con mimo esos chichones y disfrutéis cuando ellos corren hacia vosotros llorando diciendo “mamá” o “papá”. Que limpiéis con gusto todo el espurreo de papilla en la cocina cuando se nieguen a comer, que veáis Dora la exploradora en bucle sin pensar que de ahí vais a ir directos al psiquiátrico, que no os agobiéis cuando el salón y cualquier rincón de la casa estén infestados de clicks, trozos diminutos de la casa de Pin y Pon, piezas de Lego variadas, brazos o piernas de muñecas minusválidas…..

En fin, que todo ese tiempo pasará y llegará un día en que esa niña que estaba siempre a tu lado a la que no le gustaba salir, que disfrutaba más con un libro entre las manos que saliendo con sus amigas, que criticaba el hecho de que todo el mundo saliera de fiesta mientras ella se dedicaba a leer, hacer deporte y cocinar, llegará un día, repito en que vendrá con ojos llorosos a suplicarte que le compres una entrada para el Viña Rock, que todas sus amigas van a ir, y que no se va a quedar sola, que con las notas tan buenas que tiene se lo merece, y que lleva todo el año estudiando, y que necesita salir y desahogarse, en resumidas cuentas, que te suelta toda la artillería emocinalmente chantajista, y tú vas y con tus santos cuernos, le compras la entrada.

Y ahí no queda la cosa, sino que luego llega el día en que esa entrada hay que amortizarla, y salir, y subir al Viña, y dejarla a las cuatro de la tarde entre una marabunta de 100.000 almas, que sí, que serán muy buenos chicos todos, y que tendrán madres como yo que estarán igual de preocupadas, pero que con las pintas que tienen a ti te ponen los pelos como escarpias, porque viendo esas melenas y esas rastas tú piensas en tu alopecia androgénica y te lamentas de lo mal repartido que está el mundo, que Dios le da mocos a quien no sabe sorberse, que a ver para qué esos chicos tan guapos necesitan esos pelos estando tú al borde de la calvicie (pero bueno, ése es otro tema).

Y allí la dejas, sin cobertura en el móvil, porque con tanta gente ni las antenas de la Nasa serían capaces de dar servicio a tal multitud, sin poder wasapear ni llamarla para saber cómo está, confiando en que su madurez haga posible que no se meta en ningún lío, y esperando que pasen esas doce horas hasta las cuatro de la mañana, hora en que supones que tendrás que recogerla, si es que no consigue llamarte antes o que entre algún wasap en un momento de cobertura en el que te ponga que sigue bien.

Y la recoges a las cuatro, y conforme vas llegando al lugar en el que has quedado, vas viendo furgones de la Guardia Civil, y el coche de atestados de la Policia Local, y las ambulancias que corren avenida arriba, y cuando la ves aparecer tu suspiro se oye en todo el recinto a pesar de la música atronadora, y piensas que ya es sábado, que la pesadilla por fin ha terminado, que han sido tres días y tres noches de no descansar, que cada día que la recogías pensabas que bien, que ya había terminado por hoy, pero que aún quedaban más días. Y el olor a porro invade tu coche cuando ella entra, porque bocadillos no le dejaban pasar en el control, pero allí dentro había de todo lo fumable y lo infumable, incluso una feria del Grow, como pudiste comprobar ayer cuando googleaste viña rock, que tú creías que el cultivo de cannabis era ilegal y resulta que hasta hacen ferias. Y sabes que ella no fuma, pero a pesar de todo te asustas, y sufres pensando si estar ahí rodeada de esa nube de humo colocante no le afectará.

Al final llegas a casa, y se te ocurre este post, pero piensas que es muy tarde para escribir y te tomas doble ración de trankimazín para poder descansar y no pensar que en cuanto pasen cuatro meses ella estará viviendo en otra ciudad, estudiando en la Universidad, y que todos estos miedos se multiplicarán por  mil, y te acuerdas de tu madre, de cuando tú te fuiste a estudiar, hija única, sin haber salido nunca de casa, sin teléfonos móviles con los que estar en contacto a todas horas, y piensas que cómo lo pudo soportar la pobre mujer.

Así que hacedme caso, si aún estáis a tiempo, los que tengáis niños pequeños buscad a ver si encontráis algún hechicero de una tribu perdida en el Amazonas o donde sea, que os pueda parar el tiempo y dejarlos así, que no crezcan. Que a mí me han engañado, que nunca me habían dicho que esto de la maternidad fuese tan difícil, y que deberían venir con un libro de instrucciones básicas para cada edad, ¡coño!

Y hoy, para terminar, un video viral que seguro que ya conocéis, pero que viene al pelo para el día de hoy.