Cosas de botica IV

Una nueva entrega de las andanzas de la boticaria, hoy para recomendaros desde este lado del mostrador unas cuantas cosas que nunca jamás debéis decirle a vuestro boticario so pena de que algún día lo pilléis de mal humor y os conteste lo que realmente piensa.

Situación nº1. Cuando tengas los ojos irritados y necesites un colirio, procura no seguir este esquema de conversación:

-Buenas, quiero un colirio.

No has dicho pará qué lo necesitas, si es porque tienes los ojos secos, irritados, tienes legaña, los tienes rojos, etc. Con lo cual el boticario pasará a preguntarte:

-¿Para qué?

En ese momento, lo que debes contestar es qué tipo de problema tienes en los ojos, y no poner cara de asco y decir:

-Pues para los ojos.

El boticario es un profesional y ya ha estudiado en la carrera que los supositorios son para el culo y los colirios para los ojos, así que no pongas ese careto de “este tío no se entera” porque en el momento que dices “colirio” ya sobreentiende que es para los ojos y no para el culo. Así que lo que procede contestar es el tipo de patología que tienes ¿está claro?

Situación nº 2. Tienes que hacerte un análisis de orina, y como siempre, te acordarás a las dos de la mañana de que al día siguiente tienes que llevar tu preciado tesoro al médico y no tienes un envase. Así que acudes raudo y veloz a despertar al farmacéutico de guardia (que empezará a dar palmas con las orejas cuando le pidas el envase y vea que va a echar a la caja 50 céntimos del ala, pero ése es otro tema), y le dices:

-Dame un envase de orina.

Cuando tu pides en un bar un vaso de agua, es un vaso que contiene agua, si pides una botella de cocacola te pondrán una botella que contiene cocacola ( o pepsi, caso de no tener, o si el bar está haciendo boicot al ERE, que de todo hay en estos tiempos), con lo cual si tú pides un envase de orina, lo primero que se le pasa al boticario por la cabeza es que va a ir al baño y te va a llenar un envase con orina, para que aprendas.

Así que lo que procede es decir “Dáme un envase PARA orina”. Nunca subestimes el poder de una preposición.

Situación nº3. Llega la temporada de gripes y catarros y tú, abnegado boticario, como todo hijo de vecino, coges uno, para no ser menos y por supuesto, dar ejemplo.

Si vas a la farmacia y ves que tu farmacéutico esta acatarrado, jamás le digas: “jaja, ve a la farmacia y tómate algo” o bien “vaya, tú también te constipas, estando rodeado de tantos medicamentos”. A ti puede parecerte gracioso, y quizá lo sea, pero cuando el farmacéutico lo oye por 76488303031ima vez pierde un poquito la gracia. Que lo sepas.

Situación nº 4. Puede que tu farmacéutico lleve unas gafas de pasta como Rappel, o que lleve el pelo tan cardado como Aramis Fuster, pero ello no implica que sea adivino. Así que cuando quieras tus pastillas procura llevar algún cartoncito del envase, un blister vacío, una notita con el nombre, lo que sea, pero no le digas al boticario:

-Dame mis pastilllas.

Y cuando el boticario te pregunte que cuáles son, no respondas:

-Unas con una caja cuadrada.

Puede que el boticario esté de buenas y siga haciendo indagaciones sobre el color, la forma, el tamaño… o bien que ese día lo pilles un poco torcido y te rete a entrar en la rebotica y buscar alguna caja que no sea cuadrada. De hecho, yo reto desde aquí a alguien que me diga qué caja de cualquier cosa (y que no sea una caja de sombreros) que no sea cuadrada, y cuando digo cuadrada, por supuesto no me refiero a cúbica (y el paciente tampoco), sino a rectangular. Toooooooooodas las cajas de medicamentos son cuadradas, así que la aclaración que habéis hecho no sirve de nada. Igualmente, si el boticario os interroga sobre la forma y color de las pastillas no contestéis:

-Blancas, redondas, pequeñicas.

La inmensa mayoría de las pastillas son así, así que por piedad, cuando vayáis a la farmacia a por algo, llevadlo escrito.

Situación nº 5. Los piojos son eso, piojos. Y como tales, merecen ser llamados así y no “pipis”. No es ninguna deshonra tener piojos, de hecho, todos los hemos tenido alguna vez (bueno yo no, yo era de tener lombrices, que es como más chic), así que cuando vayas a la farmacia a por un champú antipiojos para tus hijos no te lleves al farmacéutico a un rinconcito y susurres:

-Dame un champú para los pipis.

Coño, di piojos, que no pasa nada, ¡que no son ladillas!!

Y hasta aquí la nueva entrega de esta boticaria que además de desquiciada, es un poco pijotera ¿a que sí?

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Premio, no: premiaco

¡Me han dado otro premio!

El GRAN LIDER de opinión me ha concedido un premiaco y como todos, consiste en contar varias cosas de uno mismo, en este caso siete, pero la diferencia es que no deben ser opiniones personales, sino que debemos preguntarle a nuestros congéneres para que ellos expresen con total sinceridad lo que piensan de nosotros.

Una, que como toda bloguera recién llegada, va haciendo entradas cuando le llega la inspiración (que no es muy a menudo, todo hay que decirlo), y luego las tiene ahí en la recámara para ir publicando siempre con la sensación de que jamás se le va a ocurrir nada nuevo que contar una vez las tenga todas publicadas, agradece que le den un nuevo tema para el post, así que vamos al lío.

1. Mi padre. Todos los que leéis el blog ya conocéis la imposibilidad de preguntarle a no ser con una ouija, y a mí esas cosas siempre me han dado mucho miedito, pero si hubiera habido ocasión de preguntarle, os habría dicho sin dudar que lo que más me caracteriza es lo perezosa que soy. No sé de dónde se sacaría esa imagen de mí, aunque  quizá tenga  algo que ver el hecho de que cuando me quedé embarazada de Consuelo tuve que estar tres meses en reposo absoluto, del sofá a la cama y de la cama al sofá, y cuando todo el mundo me compadecía porque pensaba que eso era poco menos que una tortura china, yo disfruté de lo lindo no teniendo más que hacer que leer y ver la tele (en aquéllos tiempos todavía había cosas interesantes que ver). El estar todo el día tumbada no me supuso ningún trauma, así que quizá mi padre tuviera algo de razón….

2. Mi madre. A ésta ni le pregunto porque ya me lo dice a diario: “qué poca paciencia tienes con los nenes (para ella, aunque le llegue por el sobaco al mediano, siempre serán los nenes), hija mía, siempre les estás gritando”. Le concedo algo de razón en su referencia a los decibelios empleados para dirigirme a mis polluelos, pero me  avala el hecho de que cuando repites por decimocuarta vez que  empiecen a quitar la mesa, o que vengan a cenar, o que recojan su habitación, o que dejen la play, o que se pongan a estudiar, tu nivel de aguante cae en picado y no tienes más remedio que usar tu amplificador de voz incorporado y pegar cuatro voces a ver si reaccionan.

3. Mi santo esposo. Anoche, cuando le transmití mi intención de hacer un post de estas características, amablemente le inquirí sobre alguna característica peculiar de mi carácter. Su respuesta consistió en una sola palabra: “CANSINA”.  No sé qué extraño desvarío le indujo a expresarse así, como no fuera que en cinco minutos se lo pregunté unas 18 veces…. Obviamente, lo que quería decir es que soy la mujer perfecta y que no podría vivir ni un minuto sin mí, amén del resto de mis virtudes, como son inteligencia, bondad, saber estar, modestia….

4. Mis churumbeles. Aquí hubo una avalancha de propuestas, entre las que destacan el afán por poner castigos y requisar portátiles (los chicos), el hecho de  que no sepa hacer huevos revueltos (obviamente, ésta fue Consuelo, y sí que los sé hacer, solamente que ella los hace de otra forma…), que no me gustan los plátanos (mentira también, lo que no me gusta es el sabor  a plátano, fruto sin duda de haber tomado en mi infancia infinidad de jarabes “Fosfocina” , de indudable sabor a plátano, dadas mis recurrentes cistitis).

Ante tal maremágnum de información y no habiendo salido de sus labios ningún cumplido a su adorable madre, hice uso de la primera definición y amenacé con la retirada in eternum de los portátiles, tras lo cual pasaron a glosar mi insigne figura,  afirmando sin ningún género de duda que soy la mejor madre del mundo mundial.

5. Mis compañeros de clase de 8º de EGB. Aquí cito textual: “Joder, quién nos iba a decir cuando la elegimos como la más fea de la clase que se iba a convertir en una tía buena como está ahora. Qué tipazo, que elegancia, qué guapísima está, no como la gorda choni de mi mujer, que cada día parece más vieja. Lo contrario de esta diosa de la belleza, ¡ojalá le hubiera tirado los tejos entonces!”.

6. Mi pelo. De nuevo textual: “Una mujer sin criterio alguno. Se pasa la vida quejándose de que está calva y echándose mejunjes en la cabeza, tomando pastillas a saco (se nota que es boticaria y que quiere hacer gasto),  y luego en cuanto tiene unos cuantos pelos en las piernas o en el bigote va rauda y veloz a depilarse. No hay quién la entienda, qué más dará dónde nos coloquemos, el caso es que estemos ahí. Pues no, ella no opina lo mismo, no hay quién la entienda”.

7. Pepe Pérez, alto directivo de Iberdrola (el nombre es ficticio, he protegido su identidad dado su cargo). “Sin lugar a dudas, todos los españoles deberían agradecerle a esta mujer el esfuerzo y sacrificio que está haciendo por todos ellos. Se han acabado las subidas del recibo de la luz; desde que su hija se hizo un blog de cocina y empezó a usar el horno como si no hubiera un mañana, ella solita va a acabar con el déficit de tarifa. La hija aún confía en que con sus ingresos con la publicidad puedan seguir manteniendo este nivel de gasto, pero yo no estoy tan seguro (y su madre tampoco, para qué negarlo)”.

Bloggywog Chrispmouse Cracking

Y bien, hasta aquí lo que he podido sonsacar a los que me rodean sobre mi persona. Me quedaría nominar a varios blogs para el mismo premio, pero ya tengo bastante con intentar copiar el logo como para ponerme ahora a enlazar a otros blogs, con lo mala que yo soy para éso, así que todo el que pase por aquí queda nominado y se puede apropiar del premio para sí.

Lo que hace el aburrimiento

Tarde de sábado. Lluviosa. Sin obligaciones pendientes. Sofá. Edredón.

La televisión encendida. Nova.

La comida china tiene glutamato. También las bolsas de snacks. El glutamato es una sustancia que se añade para dar sabor. Como efecto secundario hace que no puedas parar de comer. Empiezas una bolsa y no dejas de comer hasta que no queda ni un dorito en ellla.

¿Por qué hablar de glutamato mientras estaba hablando de televisión? Pues porque hay una serie de programas que tienen el mismo efecto en tu mente que el glutamato. Empiezas a verlas por accidente y luego no puedes parar. Notas cómo tus neuronas suplican por un suicidio asistido y las visualizas lanzándose por un precipicio, otras se cortan los axones, alguna (no se sabe cómo) tiene una pistola…., pero tú sigues ahí, pegada a la pantalla sin poderte despegar de ella.

Hasta ahora dedicaba mis siestas a Divinity y sus programas de construcción de casas, en los que una pareja ha comprado una casa con un sótano cochambroso y decide arreglarlo y ponerlo chachipiruli para alquilarlo y sacarse unas perrillas para pagar la hipoteca, pero con los que al menos veías bonitas cocinas y aprendías algo de decoración. Pero hoy he caído más bajo, lo confieso. Estoy viendo (sí, en estos momentos lo estoy haciendo, pero he tenido que coger el ordenador y plasmar lo que estoy viendo) “Brideszilla” o lo que es lo mismo “Novias al borde de un ataque de nervios”. No tiene desperdicio, voy a contaros en qué consiste porque mi cerebro no admite más y debo compartirlo.

Como su nombre indica, trata de los últimos días de preparativos de la boda de unas petardas.

Novia número 1. Rodeada de una panda de damas de honor a cual más “hermosa”, la novia se dirige a una tienda de ropa interior para comprarse el conjunto que va a lucir en su noche de bodas. Las atiende una amable empleada a la que obviamente, han contratado por sus características físicas: lleva una copa Z.

Las lectoras femeninas deberíais saber cómo se tallan los sujetadores, pero en atención a mis lectores masculinos, voy  a hacer una breve explicación de manera gráfica para que todo quede claro.

Los sujetadores llevan 2 tipos de tallaje: un número que se corrresponde con el contorno y una letra que indica la profundidad de la copa. Véase:

“La teta que no cubre la mano, no es teta, sino grano”. Evidentemente, eso es una copa A.

“La buena teta, en la mano te quepa”, que se correspondería con una copa B.

“Teta que la mano no cubre, no es teta sino ubre”, claramente copa C o sucesivas.

“Tiran más dos tetas que dos carretas”. Este no tiene nada que ver con el tallaje, pero me ha venido a la cabeza al hablar del tema.

Pues bien, la dependienta de la tienda de lencería llevaba una Z. No hay más palabras.

Ya sé que estoy divagando y me estoy yendo del tema, pero desperdiciar neuronas de esta manera es lo que tiene.

Hecho el inciso, paso a describiros la escenita en la tienda. La novia les grita que le ayuden a elegir, las otras eligen modelos a cual más feo, a la novia no le gustan, se cabrea,  a ellas no les gusta los que elige la novia, se cabrea. Todas gritan, y la novia termina echándolas de la boda, se cabrea. Total, para que en la escena siguiente sigan todas tan amigas y vuelvan a discutir.

Llega el día del ensayo de la boda y la novia está en el centro comercial (sola) llorando y hablando por teléfono con su madre porque nadie le hace caso, tiene que comprarse los zapatos y las joyas y no sabe por cuáles decidirse. Es lo que tiene ser una mala puta que ha estado todo el rato haciéndoles la vida imposible a las damas de honor, hija mía.

Cuando llega al ensayo con hora y media de retraso decide que los que tienen la culpa son los cámaras del programa que la siguen a todas partes y la emprende con ellos. Nena, si estás en un programa para exhibir tus miserias necesitas tener a los cámaras pegados a tu culo en cada sitio al que acudas, que seguro que esto no lo estás haciendo gratis (o sí, que hay mucha gente que pagaría por tener su minuto de gloria).

Después de más gritos a cuenta de los vestidos de las damas, de la altura de una de ellas, a la que exige que ande con las rodillas dobladas para que parezca más baja, de discusiones con la maquilladora, que menuda paciencia tiene la mujer, llega el día de la boda.

Bonito vestido, con un corpiño transparente y las tetas a la altura de la barbilla con un bonito escote palabra de honor que le obliga a salir en todas las fotos subiéndoselo porque claramente el vestido es tres tallas menor de lo que debería, el novio y ella se dan el sí quiero, leyendo un precioso poema (él) que lleva escrito en el móvil y se besan como solamente los novios americanos saben hacer.

Novia nº 2. Niña de 18 años más salida que el rabo de una cazo que ha pillado un novio militar (debía ser que había estado por ahí en Afganistán y venía desesperado, porque si no, no se explica, pero no estoy segura de los antecedentes porque este lo he pillado a medias, se siente). Se dedica a poner a parir a los padres porque no organiza las cosas como ella quiere mientras la nena se dedica a retozar por todos los rincones con el novio.

Discusiones con la maquilladora; “quiero el maquillaje brillate, muy brillante”, para después decir que no, que brilla demasiado, que la raya la quiere más fina o más gruesa, o más qué se yo. La maquilladora, con unos pendientes que parecen doritos gigantes pone cara de circunstancias y se arma de paciencia, debe ser que es algo normal en su trabajo y no se inmuta.

Día de la boda. La novia procede a vestirse y comenta la hechura de su ropa interior, que en este caso no vemos, pero ella amablemente nos informa de que no tiene pernera. Ahí, que corra el aire.

Como detalle romántico, cuando la novia se mete en la limusina para dirigirse a la iglesia, comenta con sus damas que tiene ganas de cagar. Observación que repite tras la ceremonia y el banquete (debe ser que no había baño en esos salones de boda, debería poner una reclamación) en compañía del novio, ambos ya bastante tomados (que dirían al otro lado del charco). Precioso todo.

Novia nº 3. Esta sí que la he visto desde el principio, así que me he enterado de qué fue lo primero que les atrajo del otro. Ella se fijo en lo atractivo que era él (pa gustos los colores) y él en lo primero que se fijó fue en las tetas y el culo (sic).

Reunión con el fotógrafo de la boda. Amenazas de la novia que le dice que solamente le piensa pagar las fotos que le gusten, que si solamente le gusta una, solamente cobrará el uno por ciento (no sé qué tipo de cálculo ha sido ése, no parece muy espabilá la pobre). Se queja de que en las fotos van a salir muchos gordos y asevera que el problema de Norteamérica es la obesidad. Cosa cierta pero que se hace rara oir de alguien que usa al menos una talla 52 y cuyo índice de masa corporar supera el 30. Es como si yo fuera bizca y dijera  “¡Ey, a Fernando Trueba se le va un ojo!”.

Reunión con la cocinera de la tarta. Acuden la novia y la amiga dama de honor que se va a encargar de pagarla. La cocinera ha preparado una tarta que representa una playa (fea como sola, todo hay que decirlo) porque la boda se supone que va de eso. Pero la novia dice que ella es la princesa del mar, la hija de Tritón, el de la sirenita y que ella necesita una tarta más espectacular, rodeada de mar, con sirenas, caballitos de mar y esas cosas. La cocinera, que a estas alturas ya está hasta los huevos de la novia, dice que en tres días que quedan hasta la boda no le da tiempo a preparar eso, que es enorme y que en todo caso, le costaría 600 dólares. La amiga se espanta y dice que una mierda, que ella no piensa pagar eso, y se larga.

Siento deciros que no puedo resolver el enigma de si se casaron al final ni el sabor de la tarta en discordia, ya que por un momento visualicé al último grupo de mis neuronas supervivientes y les vi tal cara de pena y desesperación que con un esfuerzo supremo cogí el mando y cambié de canal.

Menos mal que siendo un programa de tal intensidad creadora, Nova tiene la amabilidad de obsequiarnos cada poco tiempo con una tanda de 10 minutos de anuncios, con lo que tu cerebro puede descansar de tal bombardeo de información privilegiada. ¡Gracias Nova!

No hay quinto malo (Tontás)

En vista de que no me como un rosco con esto de las Tontás (bueno, la verdad es que en la última no tenía muchas posibilidades de ganar, la verdad sea dicha), esta vez he decidido currármelo, pero bien, no va a ser Miguel el único que se ponga a reclamar premios a diestro y siniestro, que una también tiene su corazoncito y ver cómo mes tras mes otros se llevan la gloria, pues como que no, que yo también quiero.

Así que aquí estoy, a 15 de enero, casi un mes antes de publicar, preparando el post para que no me pille como el mes pasado, en bragas y a lo loco.

Pero antes, os voy a poner en antecedentes de cómo he llegado a elegir a la protagonista de esta quinta tontá, lo que viene a decir que me voy a ir por los cerros de Úbeda (Úbeda Mountains, en lo sucesivo) para explicar mi absoluta adoración por esta mujer.

Ya os conté en algún post que este año pasado me había sacado el título de B1 en inglés sin haber asistido nunca a una clase. Más de uno pensaríais que soy una pedante presuntuosa que me podría haber ahorrado ese dato, pero ahora os voy a contar la historia, cual abuelo Cebolleta. Cuando yo era una grácil niña, en el colegio se estudiaba francés, pero abrieron uno nuevo en el que tenían profesor de inglés y ése era el idioma impartido. Yo quedéme en el que daba francés, mientras que mi prima (un año mayor que yo) se iba al otro y empezaba a estudiar inglés. Como otra cosa no, pero envidiosa soy un rato, empecé a insistirle a mi prima para que me diese unas nociones del idioma de Shakespeare (dato para la historia: hasta que tuve 8 ó 10 años, pensaba que Shakespeare y Chéspir eran dos personas distintas). Así que empecé a cogerme letras de las canciones que me gustaban en inglés y me las aprendía, mientras que mi prima me enseñaba algún vocabulario básico. Más tarde, cuando empezó la moda de los cursos por fascículos, me compré uno que se llamaba BBC English, con sus casetes y todo, y creo que llegué a estudiarme hasta el décimo fascículo o así (de unos 100 que tendría). Nunca pasé de ahí, aunque siempre he escuchado música en inglés y me he interesado por buscar las letras y traducirlas.

Ése era todo mi conocimiento del inglés, hasta que mi hija el año pasado sugirió que debía presentarme al examen de la escuela de idiomas que ella había hecho el año anterior. Por supuesto, le dije que estaba loca, pero me entró el gusanillo. Bien es cierto que no voy a negar que los idiomas me gustan y que se me dan bien; en el colegio y el instituto era la que mejor iba en francés y hacía dos años que Consuelo y yo nos habíamos sacado el primer curso de alemán en la EOI. Así que me puse a leer un libro en inglés (en el e-book, por supuesto, donde podía buscar cada palabra que no entendiera), y con dos cojones, hice mi matrícula para examinarme en junio del B1. Cuando llegó el día, me fui al examen con la idea de hacer solamente la parte escrita porque sabía que no estaba preparada para la oral. Pero una vez allí, decidí que from lost to the river, y me animé a hacerla, solo que me tocó dos días después porque éramos muchos. Ése fue el error, porque intenté preparme algo y miré en internet, y ahí fue donde me acojoné porque vi que no tenía ni idea. Total, que no me presenté.

Así que, cuando llegó septiembre, con la parte escrita aprobada, pero sin ganas ningunas de presentarme a la oral, no tuve más remedio que hacer de tripas corazón y presentarme, obligada por mi hija y una “amiga” que dijo que o iba yo sola o me llevaba ella a rastras…. Y así fue, cómo, sin haber asistido en mi vida a una clase de inglés, conseguí aprobar el dichoso B1. Visto el éxito, el día que fui a ver la nota me matrícule para el curso siguiente, con idea de prepararme para el B2, esta vez sí, asistiendo a clases. ¡Ja! Además de envidiosa, como he dicho antes, soy más inconstante que una veleta, y una vez habiendo ido a las cinco o seis primeras clases, deserté y he aquí el día en el que no he vuelto (ni pienso volver, ahora que estamos a mitad de curso) a pisar el aula.

Pero eso sí, este año, por mis cojones, que aprendo inglés y me presento por libre en junio, como el año pasado. Y para ello he decidido que lo mejor es que siga el consejo de mi hija, nada de manuales ni libros de  gramática, simplemente escuchar y leer en inglés, que así es como ella aprendió. Así que me estoy poniendo en vena Downton Abbey en v.o. con subtítulos en español (lo he intentado con subtítulos en inglés, pero….no hay manera), y me veo cada día al menos un capítulo. No solamente estoy haciendo el oído al idioma, es que ahora me estoy volviendo de un british subido, creo que me siento más recta a la mesa y hasta la ropa la llevo con más estilo. Lo único que me falta es estirar el meñique cuando me bebo el té, y todo se andará, a este paso.

En fin, que todo este rollo que os he soltado a modo de introducción a la tontá es para presentar a la que creo que es la gran protagonista de esta serie, y no es la actriz principal. Me refiero, of course, a la condesa viuda lady Violet Grantham, interpretada magistralmente por Maggie Smith.

maggie smith

Esta británica nacida en Illford en 1934 se dedicó desde muy joven al teatro, ya que empezó a estudiar interpretación en el Oxford Playhouse School a los 16 años (residía en Oxford desde los cuatro años, cuando se trasladó allí con sus padres y sus hermanos mellizos). Actuó por primera vez en teatro con la Oxford University Drama Society en 1952, con la obra Noche de reyes.  A partir de ahí sus apariciones fueron constantes tanto en el Oxford Playhouse como en el Royal National Theatre, empezando a recoger los frutos de sus actuaciones en forma de premios, como el Evening Standard a la mejor actriz en 1962.
En 1956 comenzó su carrera cinemátográfica, por la que recibió un Oscar en el año 1969 por su interpretación el la película Los mejores años de miss Brody, adaptación de la novela de Muriel Spark, en la que interpretaba a una maestra escocesa. Por esta misma película recibió también el premio a la mejor actriz de la Society of Film and TV Arts. A este film siguieron otros como Viajes con mi tía (por la que también fue nominada a un Oscar), Muerte en el Nilo (adaptación de la novela homónima de mi querida Ágatha Christie), y la que le dió su segundo Oscar, esta vez como actriz de reparto, California Suite, interpretando a una actriz alcohólica y excéntrica.

A partir de los años 80 participó en otras películas muy conocidas como Una habitación con vistas, Sister Act, Gosford Park (genial, se parece a Downton Abbey, también interpretaba en este caso a una condesa, y fue nominada a su sexta estatuilla), pero sin duda la revelación para el gran público llegó con su interpretación de la profesora McGonagall en la exitosa serie de películas de Harry Potter. Papel que ella misma ha reconocido que supone “su pensión”, y del que dice que es igual al que interpretó en Los mejores años de miss Brody, solo que en este caso lleva un sombrero de bruja.

McGonagall

No dejó de subirse a los escenarios, compaginando el teatro con el cine y la televisión, siendo galardonada en numerosas ocasiones: en su poder figuran los ya mencionados Óscar, siete BAFTA, tres Emmy, tres Globos de Oro, un Tony y un SAG (Premio del Sindicato de Actores). Asimismo,  fue nombrada Comendadora del Imperio Británico en 1970 y ascendida a Dama Comendadora en 1990. (Inciso, igual que los hombres son nombrados Sir, las mujeres son nombradas Dame, cosa que esta ignorante de la vida no sabía y que cuando leyó un post de Bichejo diciendo que había leído varios libros de Dame Ágatha, pensó que lo que quería decir era: dame, dame, que los quiero tóóós. Entre esto y lo de Shakespeare, creo que he perdido toda mi credibilidad cultural, si es que alguna vez había tenido alguna. Reid a gusto, reid).

Continuando con Dame Maggie (ejem…), respecto a su vida privada, decir que estuvo casada en dos ocasiones. La primera, en 1967 con Robert Stephens, con el que tuvo dos hijos también actores: Toby Stephens y Chris Larkin (muy conocidos en su casa a la hora de comer, porque yo no había oído hablar de ellos en mi vida), del que se separó en 1974. Posteriormente, en 1975 se casó con Beverly Cross, matrimonio que finalizó con la muerte de éste en 1998.

Ha padecido varias enfermedades en los últimos años, incluído un cáncer de mama que hizo pensar que no iba a seguir interpretando a lady Violet en Downton Abbey, pero afortunadamente ha permanecido las cuatro temporadas en la serie.

Y tanto hablar de premios, películas y vida privada y aún no he hecho referencia a la serie. Vamos a ello. Aparte de reflejar espléndidamente el ambiente de la época (no es que yo estuviera allí para corroborarlo, pero la verdad es que está muy conseguido, sea el que fuere), la serie está realizada con un gusto y una calidad exquisitos, poniendo especial cuidado en todos los detalles. Todo el elenco de  actores borda cada uno de los papeles, pero hay que reconocer que hay dos que destacan sobre todos. Uno es el mayordomo, el fiel Carson, interpretado magistralmente por Jim Carter y por supuesto el otro es el personaje de Maggie Smith, lady Violet, Condesa viuda de Grantham, que cuando aparece en la pantalla y abre la boca borra a cualquier otro personaje que se halle en la escena. Sus frases irónicas llenas de sarcasmo y su postura en principio retrógrada y poco ajustada a los tiempos modernos que van llegando, deja entrever en ocasiones una dulzura especial para con sus nietas y su familia. En la última  temporada ha tenido mucho más protagonismo que en las anteriores, compartiendo pantalla con otra gran actriz, Penelope Wilton, que interpreta a la prima Isobel, y con la que también ha protagonizado otra película recientemente: El exótico hotel Marigold, en la que ésta última hace el papel de una inglesa desagradable y amargada que viaja con su esposo a la India.

downton

Como no es plan de que siga aquí eternizándome contándoos la trama de la serie, que de lo que se trataba era de escribir una tontá y yo he escrito aquí la Biblia en verso, me despido ya, no sin dar las gracias a todos los lectores que habéis llegado hasta aquí. Los que lo hayáis hecho y estéis leyendo estas palabras, automáticamente quedáis nominados a los premios Job a la Santa Paciencia, instaurados por mí misma desde este mismo momento.

Good bye, my friends. And God save the Queen.



 Matt —  (Blogueando de mi vida)

 Covadonga— (Diario de una familia con adolescentes)
 Miguel  —  (Entre el olvido y la memoria)
Rafa      — (Escribir por afición)
Mª José (La boticaria desquiciada)
Anabel — (La puerta deshecha)
Marinel — (Letras derramadas)  
 Lehahiah— (Los sueños de Lehahiah)
Mandarica — (Mejor será que corras)
Yeste — (Mis queridas personas)
Bypils— (Nonperfect.com) 
Inma — (Territorio sin dueño)

Mi Macondografía

Macondo: 1. Pueblo ficticio creado por el escritor ganador del Nobel Gabriel García Márquez en su novela Cien años de soledad.

2. Individuo perteneciente a la especie Homo sapiens bloguerus que habiendo alcanzado cierta  fama y notoriedad por sus escritos en una Bitácora, sufre una enajenación mental transitoria y decide echar por tierra todas las alabanzas cosechadas por sus famosas Macondografías invitando a hacer una de ellas a una cuasi desconocida bloguera llegada de tierras manchegas.

Como decía un famoso torero (que ahora mismo no recuerdo quién era), “hay gente pa tó”, así que si Chema decide por su propia voluntad que su bitácora se vea invadida de mis desquicies, ¿quién soy yo para negarle ese capricho?

El enlace, aquí.

Cosas de botica III

La vida en la farmacia es entretenida. Entretenida y desesperante, diría yo. Siempre he dicho que trabajar de cara al público debería ser obligatorio al menos durante unos mesecitos, como la antigua mili. Así todos conocerían lo que significa la frase “el cliente siempre tiene razón”, y lo difícil que se hace a veces hacer realidad ese dicho, sobre todo cuando tú no eres el cliente, sino que estás al otro lado del mostrador.

Lo explicaré con unos sencillos ejemplos didácticos.

Situación 1. Paciente de mediana edad tirando a tercera edad, pero con todas sus facultades mentales en su sitio, que sabe leer perfectamente, que ha trabajado de cara al público (opssss, no siempre se cumple que quien ha estado detrás del mostrador es un cliente ideal….), con problemas leves-medios de salud. Véase hipertensión, colesterol y asma. Nada especialmente preocupante, pero que le obliga a usar una media de seis o siete medicamentos. De esos medicamentos, al menos uno es genérico, y ya se han encargado los sucesivos ministros de Sanidad de explicarnos que los genéricos son medicamentos exassssssssstamente iguales que la marca, y que son muchísimo más baratos (aclaración: desde hace tiempo, además de llevar exasssstamente la misma composición, también cuestan exassssstamente lo mismo, cosas de los laboratorios).

El paciente usa, pongamos un ejemplo, paracetamol “Pepito”, pero resulta que en ese momento a ti se te ha acabado y tienes paracetamol “Juanito”, y le explicas a la paciente que es lo mismo, que le va a hacer el mismo efecto, que vale igual…… No importa que estés un minuto, cinco o veinte explicándoselo. Ella preferíra a “pepito”, que lava más blanco, como el anuncio de Ariel (allá por la prehistoria de la publicidad). Así que teniendo 200 paracetamoles “juanito” en tu rebotica, le pides el “pepito” porque es el que ella quiere. Obsérvese que he empezado describiendo la franja etaria (uy, que fisna soy) del paciente y su nivel socio-cultural, porque si el caso fuera o fuese un paciente que no sabe leer y se rige por los colores de la caja o la pastilla, o es más viejo que Matusalén y el cambiar de caja lo despistaría, yo no osaría hacer ningún cambio de laboratorio. Pero no es el caso. Más bien vengo a resaltar la poca confianza que ese paciente tiene en mi criterio a la hora de dispensar.

Situación 2. Mismo paciente. Lo que viene a ser la misma persona, que ya se ha tomado su paracetamol (“pepito”, por supuesto), pero que ahora tiene  tos, fiebre, sibilancias (lo que se viene llamando “pitos” de toda la vida de Dios), dificultad para respirar….., vamos, un trancazo de tres pares de cojones. No olvidarse que entre las patologías descritas de este paciente figura una en especial….: ASMA.

Y con dos cojones, la que no quiso que le cambiara un paracetamol porque la caja no era la misma que ella usaba hasta entonces, me dice que le dé algo para  el catarro, un jarabe o algo así…. Si total, no está tan mal, si ella siempre tiene pitos. “Dame algo, que es que no tengo ganas de ir al médico, que hay un montón de gente y estoy allí  toda la mañana”.  De repente, la confianza que ese paciente deposita en mi persona ha subido un montón de enteros.

Lástima que una recuerde todavía un poquito de eso que se estudia en la carrera y que se llama deontología. Usease, que en vez de venderle un jarabe y lavarme las manos cual Pilatos sobre si eso la va  a mejorar o la va a llevar a la neumonía directamente, le insiste (sí, le insiste, porque no creáis que se convencen a la primera) para  que vaya al médico, aunque ello suponga estar toda la mañana, que le ausculten ese pecho de pitos y le manden lo que le haga falta, que probablemente incluya antibiótico y aerosoles varios. Y encima se cabrean porque no les vendes nada…..

¡Lo que tiene una que aguantar!