Libros en enero

Como ya os prometí, aquí viene la primera sesión de tortura sobre los libros que han caído en enero. No son muchos porque ahora me he dado también a ver series y películas en el ordenador, con lo cual las horas de lectura se han visto mermadas.

“La conjura de los necios”,  de John Kennedy Toole. Lo comencé con el año, el día 1, por recomedación de Dolega, y lo terminé el día 6, a trancas y barrancas, porque aproximadamente a la mitad empezó a cansarme y dejaron de hacerme gracia las aventuras escatológicas del protagonista. Al principio me hacía gracia pero creo que le sobran las 100 últimas páginas, se me hace muy repetitivo y machacón. Lo terminé porque me parecía feo no terminar el primer libro del año y además lo había recomendado Dolega….No me cabe ninguna duda de que Santiago Segura se inspiró en el personaje de Ignatius para crear a su personaje Torrente, el brazo tonto de la ley.

Después de lo pesado que se me hizo al final, decidí que lo que me hacía falta era una lectura ligera e insustancial, y a ser posible, sin eructos y pedos de por medio, que ya Ignatius había hecho su parte. Así que habiendo leído hacía poco “Al llegar la primavera” de Millie Johnson y habiéndoseme quedado un buen sabor de boca, me dispuse a atacar un libro de la misma autora, en este caso “Tiramisú al ron”.

Craso error. Una castaña. Cuatro amigas que se hacen una promesa cuando tienen 15 años: que cuando cumplan 40 van a irse de crucero a celebrarlo. Cuando llega el día, cada una tiene sus propias miserias, pero una de ellas lo organiza todo. El libro trancurre en los 15 días que se pasan en el crucero, y que cuando lo lees parece que han estado un año, de lo pesado que se pone. Se pasan el tiempo desayunando, comiendo y cenando. Lo único bueno que se puede decir del libro es que como estimulante del apetito es genial, debería recomendarlo en la farmacia cuando alguien viene pidiendo algo “para abrirme las ganas de comer”.

Argumento demasiado predecible, incluso para una novela de chick-lit, final feliz y pasteloso para las cuatro y tópicos a punta pala. ¡Ah! y el título no sé a qué viene, la verdad, porque entre todas las cosas que se comen en el crucero no me suena que probaran el tiramisú…

Lo terminé en un día (la verdad es que no merece más), y del remordimiento me puse de nuevo con la literatura seria. En este caso, “La sombra del ciprés es alargada” de Delibes. Por supuesto muy bien escrito, me gusta cómo se pone en la piel de un niño (al igual que ocurre en “El camino”) y cuenta la historia en primera persona.

Tengo que decir que lo he dejado a medias, porque después de unos días necesito un respiro con algo más ligero. No es que se trate de un libro pesado, pero tengo que prestar más atención que con otros libros, y además hay frases y párrafos que leo más de una vez, saco notas en mi cuaderno nuevo,  y a veces lo único que necesito es leer rápido y no pensar.

Entre esas notas que he tomado: “Siempre he dado importancia a las manías, porque estimo que son las que definen un carácter”

“Me percaté entonces de que la alegría es un estado del alma y no una cualidad de las cosas; que las cosas en sí mismas no son algres ni tristes, sino que se limitan a reflejar el tono con que nosotros las envolvemos”

“El hombre libremente puede elegir su camino, pero no puede alterar a voluntad la luz bajo la cual camina”.

En fin, que he hecho un alto en el camino con este libro, y que cuando lea cualquier patochada como la del Tiramisú, después me apetecerá de nuevo leerlo, así que de momento se queda aparcado hasta nueva orden.

Para continuar con el sube y baja de estilos, volví a lo seguro: una relectura de “La estrella más brillante”, de Marian Keyes. Me pasa con esta autora lo mismo que con Ágatha Christie, es una apuesta segura que me tranquiliza y me hace sentir bien. Aún siendo chick-lit, no es tan pasteloso como el anterior y sus finales, aunque felices, no te dejan la sensación de que todo es perfecto y que el protagonista es un príncipe azul. En las novelas de Marian no todo es belleza y perfección, más bien al contrario, en todas ellas aparece un alcohólico, una mujer maltratada, alguien con una depresión profunda….. Por eso me gusta Marian, porque sabe describir muy bien cuando las cosas son estupendas, pero aún mejor describe los infiernos personales de cada protagonista. Bien es cierto que ella es una exalcohólica y sabe de lo que habla…

En todas sus otras novelas los argumentos son completamente reales y no hay lugar para la fantasía, sin embargo en éste aparece desde el principio una “presencia” sobrenatural alrededor de la cual gira toda la trama. Lo mejor del libro, sin duda, es el epílogo.

Un libro para mujeres (los tíos lo encontrarían cursi y poco creíble), para pasar un buen rato, con final feliz pero que no te produce caries de tanto empalago como otros. En fin, algo para desconectar y quedarte con un buen sabor de boca.

Y hasta aquí las lecturas de enero. Se admiten sugerencias.

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Relato

La luz que se filtraba por la rendija de la persiana la despertó. Por un momento no sabía dónde se encontraba, las sábanas húmedas se pegaban a su cuerpo mientras una sensación de opresión atenazaba su pecho. Poco a poco, la niebla se fue disipando en su cabeza, empezaron a llegar dolorosas oleadas de recuerdos de la noche anterior. Cuando se metió en la cama había derramado ya todas las lágrimas del día, otro día de llanto y desesperanza, como los anteriores. El sueño la había vencido, derrotados sus miembros, con la angustiosa agonía de la espera otra noche más.

Poco a poco, se fue desentumeciendo, intentando aferrarse a la vana esperanza de que ese día sería diferente, de que algo encendería la chispa que estaba esperando, la que le permitiría volver a ser ella misma, la que dejaría atrás por fin aquella pesadilla en la que se había sumido hacía ya tres meses.

Tres meses. Ese era el tiempo transcurrido desde que la oscuridad se cerniera sobre ella, desde que un manto de melancolía cubriera cada poro de su cuerpo, cada resquicio de su cerebro, convirtiéndola en el ser que ahora era; un espectro silente que se deslizaba por la casa, alimentándose de la pena y las lágrimas que se vertían de forma incontrolada sobre sus mejillas.

Aquél día no era distinto a los demás, el sol entraba a raudales ya por la ventana y a través de los rayos se percibían las motas de polvo flotando como diminutas briznas de esperanza, de posibilidades de que esas fueran las últimas lágrimas derramadas, y al mismo tiempo, el inicio de una nueva vida, una nueva ilusión que haría desaparecer de un plumazo toda la angustia que envolvía su alma.

En su mente empezaba a abrirse un pequeño resquicio por el que se filtraba una sensación de quietud que precedía a la verdadera explosión de sentimientos que estaba por llegar. Al principio fue solamente la percepción de los latidos de su corazón, cada vez más lentos y lejanos, la sangre deslizándose por sus venas como un río manso, y después, la firme determinación que anegó su alma, la conciencia de saber qué era lo que realmente se esperaba de ella.

Con un leve temblor en sus manos, se dirigió al espejo y contempló su rostro transido de dolor, los círculos violáceos que orlaban sus ojos, y al fin, el momento que estaba esperando llegó. Fue entonces cuando reparó en que ya no podía esperar más, se había cumplido el tiempo, y de nada valía seguir lamentándose por lo inevitable.

Recordó por un momento cómo se sintió cuando, tres meses atrás, había recibido la noticia. Cómo cayó la losa sobre ella, aplastando todas sus ilusiones, sus esperanzas, y ahora ahí estaba la fecha maldita, la que no podía aplazarse, pendiendo sobre ella como una espada de Damocles. Con entereza, después de los largos días pasados en la penumbra de su alma, se vistió para llevar a cabo su tarea, cogió su maletín y abriendo de par en par la puerta de su casa, salió presurosa a la mañana soleada.

Cuando llegó a su destino, unas pocas palabras fueron suficientes:

-Buenas, que vengo a hacer la declaración de la Renta.

-Mira que hay tres meses desde que empieza el plazo, pero ¡cómo os gusta esperar hasta el último día!

 

Andanzas valencianas

Como habréis observado mis habituales lectores y leídos, desde el pasado viernes he estado desaparecida en combate, publiqué mi tontá (desde el móvil y sentada en un taburete del Decathlon…), y no di señales de vida ni contestando los comentarios, ni haciéndolos yo misma en los demás blogs participantes, así que desde aquí me disculpo y os doy las gracias a todos los que pasásteis por casa aunque yo no devolví la visita.

Todo tiene una sencilla explicación. Consuelo corría el domingo una carrera de 10 km en Valencia, así que por aprovechar el tiempo (y las rebajas, que todo hay que decirlo), nos fuimos el viernes para así poder disfrutar un par de días de desenfreno y compras, básicamente.

Estos tres días en Valencia me han enseñado varias cosas:

1. Que aunque tú estudiaras en Valencia y no pasaras frío porque venías de la fresca Mancha, y hasta ahora siempre hubieras dicho que en tu pueblo hace muchísimo más frío, ahora te empiezas a creer lo de que el frío húmedo es peor porque se mete en los huesos y te deja como un chupito.  Algo que corroboraste el domingo a las 10 de la mañana de pie derecho en el Puente del Real esperando que tu descendencia pasara por el punto kilométrico 8 para poder saludarla (y encima vas y no la ves).

2. Que nunca, y cuando digo nunca, es jamás de los jamases, se te ocurra ir a un centro comercial un sábado de rebajas a probarte sujetadores en Primark. A no ser que lleves un taburete portátil de esos que llevan los cazadores, un buen bocadillo y un pedazo de libro para sentarte en la cola y no morirte de lipotimia, inanición o aburrimiento. Considerarás seriamente hacerte hippy de los 70 y llevar las domingas al aire.

3. Que never, never  te compres un pantalón negro en Zara, no cojas los del mismo modelo de otros colores porque piensas que ya tienes bastante con unos, reflexiones por la noche y al día siguiente pienses que sí que los necesitas. Tendrás que recorrer los cuatro Zaras que hay en la calle Colón y alrededores para comprobar que no quedan nada más que en el último. Los cojerás sin probártelos porque son el mismo modelo que el negro y ya sabes la talla y al llegar al apartamento descubrirás que uno te está grande y el otro pequeño.

4. Que tu marido nunca (bueno, casi nunca, no vamos a ser puristas) coma fruta en casa, no es óbice para que se compre 5 kilos de mandarinas en un Mercadona que está a un par de kilómetros del lugar de pernocta y haya que transportarlos cual mulas de carga junto con las cervezas, las manzanas por si la nena quiere, los botes de aceitunas y las patatas fritas hasta el acogedor apartamento. Obviamente, tu hija y tú, al ver el volumen de la compra hecha por tu consorte y tu querido amigo Carlos (a partir de ahora, el valenciano, dado que es oriundo de la tierra, aunque eso habría que discutirlo…), mientras vosotras visitábais el primer Zara, decidís que es necesario seguir haciendo una rueda de reconocimiento por las tiendas de D. Juan de Austria  y que ellos, que son unos machotes de tomo y lomo, pueden llevar todo el avituallamiento al piso.

5. Que siempre, forever, a pesar de ser la orgullosa propietaria de una botica en tu ciudad de origen, tendrás que visitar al menos una farmacia de la ciudad de destino. No importa que tú lleves en el botiquín medicamentos suficientes para abastecer un hospital de campaña en plena guerra del Golfo, siempre te faltará algo. En este caso fueron tres farmacias distintas: véase, tapones para los oídos, Strepsils y Neobrufen, una cada día. Que no nos falte de ná.

6. Que existe una especie nueva de homínido, el homo “miserable men”, descrito con amplias fotografías en Instagram, y a la que tu santo esposo y tu querido valenciano se han adscrito. Hordas de hombres cargados de bolsas, con cara de aburrimiento extremo mirando al infinito, o en otros casos, jugando con el móvil, que esperan pacientemente (???) a sus esposas, novias, hijas…. en las puertas de cada tienda. En nuestro caso, la espera se hacía más amena dado que eran dos los especímenes y se podían entretener mutuamente. (No dejéis de buscarlo en Instagram).

7. Que nuestro más mejor amigo Carlitos (el valenciano) sigue siendo eso, nuestro más mejor amigo, porque a pesar de que ahora tiene otros intereses además de acompañarnos de tiendas y pasar las veladas con nosotros (por otros intereses entiéndase que se ha echado novia), renunció a los placeres de la carne (ejem) por unos días y nos dedicó este fin de semana. Eso sí, no sin antes presentarnos a la susodicha en una agradable comida donde pudimos comprobar que no ha elegido mal, y en la que dimos el visto bueno a la relación.

Y con esto queda resumido mi fin de semana de desaparición de la blogosfera. Como véis, hay poco misterio en mi vida, simplemente soy otra víctima de las rebajas.

Tontás (y van cuatro)

Cuando nuestra querida Yeste empezó con esto de las Tontás, todos nos apresuramos a sacar lo mejor de nosotros y escribir pulcramente del tema sugerido, siendo así que al final cada uno de los post distaba mucho de ser una tontá, más bien había un arduo trabajo detrás de cada entrada.

Pero en esta cuarta entrega, pasada la Navidad, con el ajetreo que eso conlleva de comidas, cenas, regalos y desvaríos diversos, esta servidora no ha tenido tiempo de preparar una tontá como es debido, así que en esta ocasión la tontá sí que va a tener su esencia primigenia, oséase, que va a ser una tontería de las gordas. Coincide además que todavía estoy poseída por el espíritu de la Navidad (dése cuenta mi público que estoy escribiendo ésto la tarde de Reyes), con lo cual el amor, la paz y armonía aún siguen invadiéndome, así que os voy a pedir que invirtáis diez minutos de vuestro tiempo para ver éste video, que seguramente muchos ya conoceréis, porque yo lo vi por primera vez hace dos años, pero que cada vez que lo veo me pone un nudo en la garganta.

Así que en esta tontá, ni actor, ni actriz, ni cantante. Yo, a lo grande, la película entera.

El que al terminar no haya derramado una lagrimita, que se manifieste.

Lecturas 2013

Hace unos días, Carmen hizo una entrada de libros. No es raro, si la leéis ya sabréis que pertenece a un club de lectura y que mensualmente hace una reseña del libro que han leído. Lo que me llamó la atención de esa entrada es que hacía referencia a la cantidad de libros que había leído durante el año. Yo le comenté que probablemente superaría esa cifra porque desde que tengo mi e-book, el número de mis lecturas había aumentado considerablemente.

Pues bien, yo que me considero una lectora voraz  (otros dirían compulsiva), he intentado hacer una lista de los libros que he leído durante el año 2013 y me ha sorprendido porque yo pensaba que habrían sido muchos más. De momento me he quedado en 48, más una docena al menos de relecturas de Agatha Christie, lo que hace un total de 60 libros, cuando yo pensaba que habría superado el centenar… Aunque también hay que contar más de 20 que empecé y que deje a medias, algunos en los primero capítulos y otros ya mediado el libro.

Quizá os parezca excesivo pero yo leo rapidísimo y además ya os he contado que no suelo leer cosas muy profundas, más bien al contrario, leo novelas ligeras, con un argumento sencillo y que no me den mucho que pensar, que mi cerebro ya lleva bastante trabajo durante el día como para ponerse a leer algo pesado a la hora de dormir, que es cuando habitualmente lo hago.

No os voy a poner la lista de todo lo que he leído, no os asustéis, simplemente os haré un resumen de los que más me han gustado y que os recomiendo, y os diré, también por encima, los que he abandonado en mitad de la lectura.

El primer libro que leí en el e-book fue Arroz y tartana, de Blasco Ibáñez. No había leído nada suyo, y de hecho, tengo el recuerdo de la serie Cañas y barro (que también he leído este año) que no me gustaba en absoluto, pero supongo que sería por la edad,  porque he disfrutado un montón con su lectura. Recomendables totalmente, pero vaya, no digo nada nuevo, es Blasco Ibáñez.

También en el ránking de primeras posiciones se encuentran Mistic River de Dennis Lehanne (mejor aún que la peli del mismo nombre), Las cenizas de Ángela de Frank McCourt, aunque triste hasta decir basta; Una vacante imprevista, de J.K. Rowling, la de Harry Potter, cuya reseña podéis encontrar en el blog de Matt. Carta de una desconocida, de Stephan Zweig, muy corta pero preciosa, y del mismo autor la biografía de Magallanes.

Un autor que he descubierto recientemente, Dean Koonz, en la línea de Stephen King, pero que me gusta mucho más (de hecho, hay varios libros de King en la lista de abandonos), del que he leído dos: Mi nombre es Raro Thomas y Mirada ciega. Ciencia-ficción y terror pero más creíble que Stephen King. Más ciencia-ficción: Anochecer, de Asimov, me gustó mucho aunque yo pensaba que jamás podría leer nada de ese estilo.

Más tristes: Nada, de Carmen Laforet; El año del pensamiento mágico de Joan Didion; La metamorfosis de Kafka (relectura).

Algún clásico como Los pazos de Ulloa de Emilia Pardo-Bazán. Muy, muy reciente y recomendado por Miguel, Los diarios de Adán y Eva, de Mark Twain, sencillamente geniales.

En casa, de Bill Bryson, creo que es el único que no es una novela, pero muy entretenido.

Dentro de los que no releería, aunque están bien, tampoco me han entusiasmado, dos de John Banville, Las correcciones de Jonathan Franzen, la trilogía Millenium (el tercero ya no pude acabarlo, era muy cansino), Diario de invierno, de Auster, Crónicas marcianas de Ray Bradbury, Misión olvido, de María Dueñas….. (Sé que con este último párrafo me he creado algún enemigo, porque son autores de culto…)

Y luego, ya en la fase lectura basura total, tenemos El símbolo perdido de Dan Brown, Maldito karma de David Safier,  y……no penséis mal de mí, fue una hora tonta…. Adiós princesa, de David Rocasolano.

Todo ello ha sido electrónico. En papel, el de Molinos y el de Mamá en Alemania, además de el nuevo de J.K. Rowling con pseudónimo: El canto del cuco, firmado como Robert Galbraith.

De los que he abandonado, una muestra: La piel del tambor, de Pérez Reverte, El testigo invisible, de Carmen Posadas,  Libertad de Jonathan Franzen, La sombra del viento de Ruiz-Zafón, La reina descalza de Ildefonso Falcones, Los miserables de Victor Hugo (abandonado casi al final), así como David Copperfiel de Dickens. Estos debería terminarlos, lo sé. Y encabezando la lista de abandonos, por supuesto, 50 sombras de Grey.

Ahora mismo llevo dos entre manos, la autobiografía de Ágatha Christie, y Quemar la noche, de Liz Murray. Espero acabarlos…

Si a alguno os gusta el chik-lit y similares, me encantó Al llegar la primavera, de Milly Johnson, recomendación de Bichejo, y que se lee muy rápido pero te deja un muy buen sabor de boca; también cualquiera de Marian Keyes, yo solamente he leído este año un relato corto: Lizzie ha vuelto, pero tengo pendiente el último que ha publicado, que ya lo tengo en puertas.

Bien, pues no os aburro más. Me he dejado algunos en el tintero, pero con todo os he dado una idea de mis gustos de lectura, que, como podéis ver, no son nada cultos ni profundos, más bien al contrario.

Espero ansiosa vuestras recomendaciones, ahora que ya sabéis más o menos lo que me gusta.

¡Ah! Y que me he comprado un cuaderno (book journal, que dice Carmen) donde apuntar todo todito lo que voy leyendo y os pienso torturar periódicamente con posts como éste. A sufrir se ha dicho.

¡Premio!

Ya veis, toda una recién llegada y ya tengo un premio en mi poder.

Hasta ahora, el único premio que había ganado fue un juego Quimicefa en 8º de EGB. Ocurrió en Navidad, unos días antes de darnos las vacaciones nos dijeron que había que hacer un dibujo relacionado con las fechas en las que estábamos. Yo no recuerdo si es que no me había enterado, pero el caso es que hice el dichoso dibujo en la media hora del recreo,  y gané el concurso, para rabia y desesperación de una compañera de clase (la Angelines, para más señas), que se cogió un rebote monumental porque ella llevaba varios días haciendo su dibujo. No es que yo dibujara especialmente bien, pero se me ocurrió hacer una Virgen con su niño acordándome de un cuadrito que yo tenía colgado encima de mi cama y que tenía la leyenda “Dichoso el que sabe hacer brotar la  alegría en el corazón del hermano” (bueno, eso no lo puse en el dibujo). Siempre pienso que ese cuadro me ha hecho ser como soy ahora. Un psicoanalista diría que me ha trastornado y que por eso siempre me agobio cuando los de mi alrededor no son felices, es como si yo fuera responsable de sus sentimientos, y me diría que cada uno es feliz o no lo es sin depender en absoluto de lo que yo haga, pero qué queréis que os diga, son muchos años leyendo la frasecita a todas horas. En fin, vaya este divague que no tiene nada que ver con el post, en honor a la adorable bloguera que me ha concedido el premio: Inma, de Territorio sin Dueño, que ya sé que le gusta cuando me pongo a divagar perdiendo el hilo de lo que estaba contando al principio.

Como soy nueva en ésto, ya me ha explicado un poco lo que hay que hacer cuando te conceden un premio, y que es, básicamente, hacer lo que te sale del mismísimo potorro (bonito palabro que he aprendido de mi adorable esteticien Carmen). Con lo cual, hecho el agradecimiento a la nominadora del premio (norma esa sí, irrenunciable), voy a pasar a contestar las preguntas que a mí me apetezca, unas ciñéndome a las que han hecho otros blogueros, y otras que me acabo de inventar porque me apetece contar alguna chorradita. Así que, al lío.

Si te pagasen 1000 € por promocionar en una sola entrada de tu blog algo con lo que estás totalmente en contra, ¿lo harías?

Vamos a ver, para pedir no se puede ser pobre, ¡hombre ya!, yo por mil euros no me pongo. Si le añadimos 3 ó 4 ceros a la cifra, ya empezaríamos a hablar. Es como cuando juegas a la lotería, ya que te toca, pues pide que te toque el gordo, no vas a decir:  ” si yo con la pedrea me conformo”. Pues no.

¿Dónde escribes las entradas? ¿En papel o directamente en el ordenador?

Me encantan los cuadernos, de hecho, ahora que ha empezado el año, me he comprado varias agendas y cuadernos chulísimos, que empezaré, usaré 5 ó 6 hojas, y dejaré abandonaditos porque nunca me acuerdo de escribir. Así que, siempre, siempre las escribo en ordenador. Es mucho más fácil borrar que tachar.

¿Si Spielberg te llama porque quiere hacer una peli de tu vida basándose en tu blog, pero añadiendo cosas inventadas como que eres borracho/a o drogata. ¿le dejarías? ¿O no permitirías semejantes injurias?

Partiendo de la base de que mi vida es bastante anodina, creo que se lo tendría que inventar todo. Así que volvemos a la pregunta número 1, depende de los ceros que acompañasen a la cifra. Materialista que es una.

De los blogs que lees habitualmente, ¿De cuál te hubiese gustado ser tú el autor/a?

Evidentemente, si los leo, es que me gusta como escriben, y me gustaría ser capaz de escribir así. De hecho, me da cierta vergüenza que personas que escriben tan bien, me lean a mí, que no me caracterizo por una especial habilidad para escribir. Como no quiero que nadie se ofenda si nombro a unos sí y a otros no, seré muy políticamente correcta, y diré que todos, lo que no se aleja de la realidad.

Si alguien te propusiese colaborar en tu blog escribiendo una entrada semanal, ¿le dejarías o le dirías: Quita bisho!!! Créate tu propio blog usurpadorr!

¡Encantada de la vida! Visitas de gratis, sin tener que mover una tecla.

Si tuvieras que cambiarle el nombre a tu blog, ¿cuál le pondrías?

Es un blog demasiado reciente como para querer cambiarle el nombre. Me gusta como está.

¿A cuántos bloggers conoces personalmente?

Uno, Dolega, ya lo conté aquí.

¿Qué Bso le pondrías a tu blog?

Ahora estoy en momento Bon Jovi. Pero si he de ceñirme a un clásico, el Canon de Pachelbel.

¿Cómo empezaste en el blog?

Yo creo que si sois asiduos por aquí ya conocéis la historia, pero de todas formas la voy a contar por si hay algún incauto que se ha dejado caer hoy por primera vez. En junio pasado mi hija creó un blog de cocina en el que aparecíamos las dos, aunque yo simplemente era la cenicienta que lavaba los desastres en la cocina. Empezó haciéndolo en inglés y en español, pero cuando empezó el curso, no le daba tiempo a hacer la entrada en los dos idiomas y me obligó pidió que le escribiera yo la entrada en español. Así lo hice durante un tiempo, pero como ella lleva un ritmo de publicación de 3 post a la semana, a mí no me daba la vida. Además, hubo por ahí alguna bloguera insistente que me subía la moral en cada entrada y me animaba a abrir mi propio blog. Así que entre unas cosas y otras, me animé y aquí estoy, perpetrando este desquicie.

¿Dónde lees habitualmente las entradas?

En el móvil el Reader me actualiza todos los que sigo, así que la primera mirada de la mañana es ahí. Luego ya en la farmacia, cuando la jefa no me ve (jijiji) es cuando me dedico a hacer los comentarios, porque en el móvil se me da fatal. Aún recuerdo el día de Pizarro, que hubo que publicar en domingo, y en el que me gané alguna dioptría más de las que tengo, tecleando compulsivamente  contestando los comentarios en mi entrada y comentando en las demás.

Afortunadamente, como tengo un marido que es un tesoro, en mi cumpleaños me compró un portátil y ahora puedo comentar y comento en fin de semana sin dejarme la vista en ello, aunque sigo prefiriendo el PC de sobremesa de la farmacia, se ve mucho mejor y estoy más acostumbrada al teclado. De hecho, ahora mismo estoy escribiendo esta entrada en él. Creo que aún no he escrito ninguna en el portátil. En el móvil escribí una,  La niña de mis ojos, pero es que no podía esperarme al día siguiente.

 

Y aquí termina este cuestionario, primer premio de mi corta andadura bloguera. También había que nombrar unos cuantos blogs con menos de 100 seguidores, pero como yo solamente leo blogs famosos que tienen muchísimos más, y que aparecen en mi blogroll de la derecha (que por fin he conseguido poner ¡bieeeeeen!), pues ya si eso los véis ahí, que además, se me da muy mal poner enlaces, ya sabéis de mis dificultades con la tecnología, que yo de supositorios y enemas sabré un huevo, pero de ordenadores, ni papa. De hecho, no sé si voy a saber poner el logo del premio…..

 

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¡CONSEGUÍLO, CONSEGUÍLO!