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Enfermedades raras

Ya sabéis que aunque estos son mis pinitos en la blogosfera, vengo de un blog sano.
(Ya, ya, los diabéticos del fondo, no empecéis a alborotar…. próximamente se publicarán recetas muy ricas sin azúcar….)
También sabéis  que servidora es boticaria, así que de vez en cuando vamos a hacer alguna entrada relacionada con la salud, por eso de dar consejo farmacéutico, y eso, que está muy de moda lo de “pregunte a su boticario”.
Todos habréis oído hablar del “Síndrome de la clase turista”, sí, ese que te da cuando viajas en avión (sobre todo de la innombrable compañía irlandesa) y no puedes mover mucho las piernas, se te cargan, e incluso te pueden provocar un trombo. Ya sabéis que el remedio es moverlas de vez en cuando, llevar unos cómodos calcetines de compresión y caminar por el pasillo si es posible y el viaje es largo.
¿Todo claro?
Bien.
Ahora vamos a pasar a describir otro síndrome que no encontraréis de momento  en ningún manual médico ni en ningún artículo en revistas especializadas (lo están investigando aún, es de reciente descubrimiento) . Y ¿por qué? Pues porque yo soy la descubridora y ésta entrada de hoy es la primera que ve la luz sobre tan preocupante enfermedad.
No os asustéis, no es contagioso, pero si de una elevada prevalencia (por si alguien no sabe lo que esta palabreja significa, lo que quiere decir es que lo sufre mucha gente)
Se trata del “Síndrome del camarero”. ¿Mande???????
Pues sí, amigos míos. Se trata de un trastorno muy común que afecta a los abuelos-barra-abuelas, siendo más preocupante en aquéllos que conviven habitualmente con la familia.
Los síntomas, que seguro habréis reconocido en algún individuo cosanguíneo en alguna ocasión son los siguientes:
Una vez que está dispuesta la comida en la mesa, sea ese día lentejas, arroz, cerdo agridulce o patatas a la miel en espuma de escarabajo pelotero, y una vez están todos los comensales en sus respectivos sitios, el de menor edad, o sea, uno de tus hijos, exclama: “¡Eso a mí no me gusta!” o en su defecto “Yo no me voy a comer eso”. Tú, madre o padre abnegado y por supuesto, deseoso de educar a tus hijos con ecuanimidad y paciencia, le argumentas que para crecer hay que comer de todo y que son necesarias todas las vitaminas y nutrientes que ese alimento le va a aportar. Una vez reiterada su negativa, tus dosis de paciencia van menguando, y le recuerdas que no está en ningún restaurante y que ese es el rancho de hoy, lo quiera o no.
Es en ése momento cuando llega la cumbre de síntomas del “Síndrome del camarero”. La abuela-barra-abuelo (generalmente en este caso es la abuela, aunque no hay que descartar que el abuelo sepa cocinar) se levantará de la mesa, y empezará a recitar al nene todo el repertorio de menús alternativos: “¿Quieres que te haga una tortilla francesa, un filete de jamón, te hago un bocadillito, te frío un huevo?” Y así hasta el infinito, mientras por lo bajini te echa miradas asesinas y masculla que cómo se va a quedar el niño sin comer, que si no quiere eso, ella le hará otra cosa, tú no te molestes, que ya se lo hago yo…..
Y es así como tu autoridad va cayendo pendiente abajo mientras te comes el plato de lentejas de tu hijo y observas lo contento que se pone el nene con los huevos fritos que le acaba de poner delante la abuela, que a estas alturas, ya se ha convertido en Superabuela a ojos de tus hijos.
No es un síndrome preocupante per se. Al abuelo-barra-abuela, en realidad no le afecta, al contrario, le sube la autoestima ya que los nietos la adorarán cada vez que los salve de comer algo que no les guste.
Pronóstico de la enfermedad: pues si el abuelo-barra-abuela no convive con la familia, será leve, puesto que el síndrome sólo se manifestará los domingos cuando vayamos a comer a su casa, y entre semana, los niños se adaptarán a la rígida disciplina militar que les aplicaremos con el fin de compensar el libertinaje de la comida del domingo. Pero, si el abuelo-barra-abuela convive entre nosotros, qué queréis que os diga, lo lleváis claro.

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17 pensamientos en “Enfermedades raras

  1. Conozco bien el síndrome. Por las dos ramas!. Aunque sea sin convivencia diaria nos llega bien. Mi madre se corta más, porque al vivir en la misma ciudad – excepto cuando emigran de jubilados al sur – no le queda más remedio que contenerse. Pero ay mi suegra… entre el estatus de suegra y que nos vemos menos por vivir en el norte… es imposible. Yo he tirado la toalla. Porque era increíble, según les estaba diciendo a los niños que hoy tocaba lacón con grelos sin alternativa, ya estaba ella friendo huevos fritos. La mato?, pues no, me resigno. En nuestro caso los abuelos solo echan miradas reprobatorias, pero la sartén no la cogen no.
    Un beso!

  2. Precisamente hoy lo he vivido. He comido con mi hija en casa de mis padres y es……DESESPERANTE! Lo malo es que en mi caso muchas veces termina mal porque si me pilla el día cruzado me cabreo y empiezo a liarla con mi madre – Que no le ofrezcas nada! que si no quiere comer que no coma! – esto a gritos y con palabrotas que me ahorro por no manchar tu blog ¿Quieres creerte que da igual? se calla 5 minutos y vuelve al ataque, al final me gana por agotamiento.
    Besitos

  3. ¡Totalmente de acuerdo! Y ya ni te cuento cuando encima de todo lo que has descrito perfectamente, tu madre (Por que a tu suegra no se lo consientes) te dice por lo bajo eso de “Bueno es que no me extraña, porque están las lentejas que…” 😛
    Yo llegó un momento en que pasaba del tema porque sino eran broncas a diario. Mis padres se pasaban cinco meses en España de vacaciones, así que lo mejor era OHmmmmmmmmmmmmmmm jajajjajaja
    Besazo

    • En mi caso no se metían mucho con mi comida, pero el comentario era (y es….):”si yo hubiera hecho eso contigo…..”, solo le falta decirme mala madre, jaja.
      El Ohhmmmmmmm a mí no me funciona, al menos no mucho rato, casi siempre termino como dice Inma, cabreada y gritando. Tengo que mejorar mis chacras y la meditación 🙂
      Un beso.

  4. uyyyyy uyyyyy ooohhhhmmmmm oohhhmmmm tras este ejercicio de autorelajación “NO LO SOPORTOOOOO” porque además luego me toca oir cosas como “es que claro pobres niñ@s, si yo hubiera hecho lo mismo contigo, dejarte sin comer, sí hombre sí, tanto te cuesta hacerle otra cosa y que coma, pues ya se lo hago yo” ¿¿cómo??? ¿qué me está contando? si todavía recuerdo (y de ahí mi odio/asco/repugnancia) un plato de judías verdes que como no quise comer, me volvieron a poner delante a la hora de la merienda, a la de la cena, al desayuno del día siguiente, a la comida de nuevo, ahí ya acabé claudicando.
    Besinos

    • Exactamente las mismas palabras que me dice mi madre….. Pero sí que es verdad que a mí nunca me obligaron a comer nada que no quisiera, y así pasó, que cuando me fui a estudiar fuera estaba en una residencia y ahí fue donde aprendí a comer de todo, porque aunque la comida era una mierda o comías o pasabas un hambre de mil demonios, que allí no estaba mamá para preparar otra cosa. Y aún así, nunca he conseguido aprender del todo, sigo sin querer probar sabores y cosas nuevas, así que intento que a mis hijos no les ocurra lo mismo, aunque me cueste berrinches.
      Un beso.

  5. Yo soy suegra, que no abuela…pero como no sé hacer de comer debido a haber estado trabajando fuera de casa desde siempre, no puedo ponderar apenas nada.
    Mis padres sí, mis padres eran de los afectados por este síndrome.
    Estupenda entrada.
    Besos

    • Yo también soy de las que se escaquea de la comida por trabajar fuera, así que tampoco tengo mucha práctica. Consuelo me lleva la delantera en eso, ya cocina bastante mejor que yo.
      Yo creo que en general todos los abuelos sufren este “síndrome”, así que ahora que eres suegra, ten cuidado cuando te hagan abuela, no te vayas a contagiar, jajaja….
      Un beso.

  6. Lo del “fondo” no irá por mí, ¿verdad?, que yo soy muy formalita y no alboroto…. demasiado, jkajaja

    Yo todavía no soy abuela y no sé el día demañana cómo será mi comportamiento conlos nietos, pero si quiero ser coherente con la forma con la que eduqué a mis hijas y enfadé a los abuelos, creo que no les daré tregua con la comida.

    Mis hijas comen de todo, de todo, no hay nada a lo que le hagas ascos, sin embargo yo soy la delicada de la familia porque mi madre se excedía con su celo maternal y me hacía de comer a la carta cuando algo no me gustaba…. y así he salido…. jajaja.

    Apretaos, María José (como sabía yo que no defraudarías)

    • Te has dado por aludida???? Jajajaja
      Yo también soy bastante delicada con la comida porque mi madre sufre este sindrome, y conmigo también hacía lo mismo…. Mis hijos, a pesar de todo, no son de lo peor, aunque tienen días…
      Y cuenta conmigo para noviembre, que ya tengo la entrada hilvanada.
      Un beso.

  7. Cómo te entendemos Mª José. En casa, efectivamente, también se da ese síndrome. En este caso es la madre de mi marido (la mía por desgracia, ya no está…) que malcría sin límites a sus nietos bajo las miradas asesinas de su propio hijo y las mías… Pero no hay remedio. Y eso que ya los chicos (todos) son mayores. Pero no hay manera: siempre aparece su buena disposición para contentarlos a ellos y cabrearnos a nosotros..
    Y después, aguántalos en casa: que si estuviese la abuela, él no comía semejante cosa….y etc, etc….
    Bueno, para qué contar más verdad? Para muestra un botón…
    Un besito, linda.

  8. Pingback: Fútbol | La boticaria desquiciada

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